martes, 16 de febrero de 2010

LENGUAJE NO SEXISTA

Os mando una cosilla que he escrito para contestar un artículo que me pasó el otro día una colega del cole. En el artículo una profesora defendía que reivindicar el femenino en el lenguaje era de ignorantes, que sólo los que no conocían la excelente Gramática de la lengua "ejpañola" podían decir esa sarta de sandeces...
Como para quedarme con la boca callada... al corcho voy ahora mismo a pegar esto.

"Yo no me considero una víctima, aunque haya recibido la educación de la LOGSE. No estoy insatisfecha con lo que aprendí y sé que el esfuerzo y la formación dependen de la persona en su conjunto y no sólo de un sistema educativo institucionalizado.

La A de “araña”, dice la profesora de música. Yo le informo de que aprendí a leer con esta frase: “Este niño es Enrique”, a la que acompañaban “Enrique es este niño”, “su mamá trabaja en casa”, “su papá trabaja en el campo”. Me leyeron en la escuela cuentos como el de Caperucita Roja, la niña que bondadosamente va a cuidar de su abuelita y a la que un fornido cazador salva de las garras del lobo feroz, o como el de La Bella durmiente a quien el hermoso príncipe despierta de su letargo.
En alguno de mis libros se podía colorear (lo siento por la profesora de música, porque es exquisito dejar tu huella en un libro que así lo permite…), y en el apartado de “colorea quién te gustaría ser de mayor” aparecían profesiones como: enfermera, bombero, carnicero, tendera, profesora, médico…
En la televisión veía Dragoi Bola, me encantaba Yamcha y lo pasaba estupendamente bien viendo cómo se peleaban. Lo veíamos los cuatro de casa, antes de cenar también juntos en la cocina.

Y todo este bagaje tengo a mis espaldas, que no es poco: aprendiendo a leer me quisieron enseñar roles para hombres y mujeres, leyendo cuentos nos querían hacer entender que teníamos que esperar a un príncipe azul para estar seguras y ser felices, viendo Dragoi Bola pude haber aprendido el valor de la violencia… Yo también recuerdo declinaciones del latín y leí el Lazarillo, pero mi vida ha seguido adelante, atrás se han quedado mis años de escuela, y he aprendido a cambiar mi modo de hablar y de escribir, porque el secreto de la masa está en eso mismo: saber cambiar.

Atrás la Caperucita Roja a la que ahora enseñaría a defenderse frente al ataque del lobo y a no esperar a alguien que tiene una escopeta con la que puede después matarla a ella (le enseñaría a no tener que deber a nadie su existencia). Atrás Enrique y su mamá, a quien sigo imaginando en casa porque seguro que le encanta, y atrás su papá que me imagino habrá dejado el campo por estar harto de su patrón y de no poder ver jamás a su familia y amistades. Atrás quedan ya los libros en los que debía elegir de entre una profesión quién ser en el futuro (no me define mi profesión, mi identidad se construye de muchas más cosas; además no aparecían en los libros las alternativas de querer ser de mayor monje budista, querer ser de mayor vegetariana, y menos querer ser feminista…). Atrás las peleas de dibujos animados, ahora las aventuras me las busco yo y las peleas las entiendo como ese modo personal que tengo de superar obstáculos y enfrentarme a lo que me pide mi corazón y mi “ideología”.
Dice la profesora de música que la ignorancia lleva a aplicar patrones ideológicos a la lengua y que ello hace ignorantes a quienes lo hagan. En casa me han enseñado que tener ideología es algo de lo que una persona puede estar realmente orgullosa, siempre que la defienda con respeto y siempre que la tome como una forma de vida valiente.
Y por ideología creo que toda ideología debe ser flexible, que toda sociedad cambia y que hay que cambiar las cosas a mejor. Cuando escribo esto sé que estoy escribiendo palabras, conceptos, frases… Sé que estoy utilizando el lenguaje y que el lenguaje es el vehículo de mi pensamiento, sin uno no hay otro. Tan unidos están que se puede decir que se construyen mutuamente (en la novela 1984 los del Partido abogaban por suprimir palabras para reducir la libertad del pensamiento crítico). Por eso reivindicar que se modifique el lenguaje no me parece tan descabellado (tan “de ignorantes”), quizás así podríamos aunque sea hacer una llamada de atención a nuestro modo de pensar. Parece que da alergia a la profesora de música el cambio en el lenguaje. Por lo que parece, además de enseñarle tan bien a leer, a escribir y a expresarse, le transmitieron estupendamente el valor de la obediencia…

Pregunta en el artículo la autora si políticos y periodistas hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática Española. Yo le preguntaría qué es hacer un buen o mal uso porque según el criterio que se utilice podrá significar una cosa u otra (pertenece esto al ámbito de la semántica, quizás no haya entendido desde ese marco su análisis). Ojala pudiéramos suprimir del lenguaje la distinción entre los dos géneros, porque supondría también suprimirlos de nuestra mentalidad. Parece complicado el tema... De momento no está de más reivindicar el femenino como herramienta de disidencia política, por molestar un poco aunque sea. Repito: por molestar… Porque creo que en caso de no molestar no se crea malestar, y si no hay malestar no habrá tampoco razón por la que luchar por otro tipo de mundo".

Itsaslore Yarza, feminista


si pudiera cargarme todos los símbolos y signos
que hacen referencia al “binarismo” sexual y de género, lo haría…
dejar de clasificar en categorías es la única manera de defender la igualdad.

1 comentario:

Maria José dijo...

ITSASLORE, TE HE ENCONTRADO POR CASUALIDAD Y ME HE LLEVADO UNA GRATA SORPRESA. ME HABÍAN HABLADO DE LA CHARLA SOBRE SIMONE DE BEAUVOIR Y FÍJATE POR DÓNDE... SIMONE DE BEAUVOIR ES UN REFERENTE PARA MÍ DESDE HACE MUCHÍSIMOS AÑOS.