viernes, 11 de junio de 2010

En torno a la charla con super Eli Vasquez, del Proyecto TRVNSG3NERO de Ecuador.

El recelo que tenemos much@s para con el derecho puede convertirse en un arma letal cuando nos camuflamos en él. Ésta es la subversión desde dentro. Crear casos que hagan estallar la coherencia de las leyes, llevar éstas a paradojas, poner a l@s jueces entre la espada y la pared, con una soga, para que tengan que conceder derechos al colectivo LGTB. Eli ha llegado a utilizar el derecho mercantil como contrato matrimonial entre dos hombres…
Y la emboscada comenzó en las calles, derrotando paralelas (cruzando a la acera de las putas para hablar con ellas), con las patrullas legales (poniendo en práctica el derecho callejero, el activismo paralegal codo a codo con la población trans que ejerce el trabajo sexual), en las comisarías… Han conseguido que la policía se arrodille y reconozca el territorio callejero en que no sirven sus códigos legales.

Nuestra mirada, manchada de sucio poder histórico colonial, se compadece de esa pobre gente ecuatoriana… Eli nos hablaba del canon civilizatorio que se impone a las personas, colectivos y culturas para ser valoradas, como si no existieran más criterios legítimos e incluso mejores por más humanos. ¡Cuánto tenemos que aprender l@s noroccidentales aún! Dejamos que nos prohíban jugar al balón en las plazas y volar cometas en la playa cuando allí gozan de libertades como la ciudadanía universal y el derecho a la resistencia.

En el mundo hay cosmovisiones diversas, nuestro modo de entender la realidad, las relaciones personales o la identidad dependen del contexto. No hay mejores ni peores, ¡y mucho menos, globalizables o universalizables! Y con todo puede haber y debieran coexistir códigos jurídicos diversos. De hecho los hay: no es el mismo el valor de la imagen para una trabajadora sexual que para un businessman, por lo tanto quizás quien tenga que juzgar debiera atenerse a una jurisprudencia del código que corresponda. Lo mismo con el valor del territorio, y de la propiedad privada, y de la familia. ¡La familia! ¡Ese intocable! Y otro gran invento del heteropatriarcado… La familia de la que nos habla Eli es la de la calle, la que se crea por afecto y no por sangre, es la manada. ¿Y por qué no se reconoce? Matrimonios a tres... Sería estupendo comenzar quitando esta carta del castillo de naipes… Porque tampoco la constitución no tiene por qué ser intocable, por mucho de que en este país nos lo hagan creer así. No es malo que las leyes cambian, ¿no hablamos de progreso?

Gracias Eli por compartir tu sabiduría, tu simpatía, tu energía (full of energy!!) con nosotr@s, ¡ha sido un placer! Gente como tú nos anima a seguir adelante.
Itsaslore